Valentino Rossi entrena al hijo de su ídolo

El vástago de Norifumi Abe, en el Yamaha Master Camp en Tavullia, como Manu González

Maiki Abe, Valentino Rossi y un responsable de Yamaha, en el Ranch.

En su época en 125cc, Valentino Rossi se hacía llamar ‘Rossifumi’. Todo en honor a su ídolo: Norifumi Abe. El italiano, como el resto del mundo, quedó impactado al ver el Gran Premio de Japón de 500cc de 1994. Entonces, el nipón corrió como invitado en su debut y llegó a liderar y estar a punto de ganar. Se cayó faltando tres vueltas, pero había dejado su sello y su impacto hasta en chavales como El Doctor.

Más adelante, Rossi llegó al Mundial y hasta pudo conocer y hacerse amigo de Abe, quien ganó tres carreras. El asiático se retiró y tuvo un trágico final, pues, a los 32 años murió atropellado por un camión en un accidente de tráfico en 2009. Valentino siempre le tuvo como su ídolo, junto con Kevin Schwantz.

Ahora, Valentino ha tenido la ocasión de entrenar a su hijo, Maiki, que ha visitado el Ranch de Tavullia. Todo se ha enmarcado en el llamado Yamaha Master Camp, un evento de una semana de duración en el que la marca de los diapasones lleva a varios pilotos asiáticos a formarse junto a los chicos de la Academia VR46. De hecho, hasta el español Manu González, piloto de la escuadra de Moto2 que lleva el mismo nombre del campus, estuvo en la localidad natal del ’46’ ejerciendo de maestro.

Pero el punto emotivo llegó con el cierre de actividades, cuando el mito, retirado de las motos, pero no de la competición, pues compite en coches en el GT World Challenge, se enfundó el mono y dio consejos a los participantes.

Un alumno especial

Maiki, por supuesto, era un alumno especial para Vale. El japonés, como todos, alucinó con el nueve veces campeón del mundo. «El cuartel general de la VR46 es muy espacioso y con un edificio muy bonito. Hay muchas MotoGP. Me ha motivado mucho para unirme a su equipo en el futuro. Estoy satisfecho con todo lo que he aprendido durante el campus. Conocer a Valentino Rossi fue un momento que nunca olvidaré. Cuando estuve delante de él me di cuenta de que era el que veía por televisión y no me parecía real. Durante el entrenamiento con Vale, tomé nota de su técnica en el cambio de dirección: el perfecto ángulo de inclinación, el derrapaje y sus bonitas trazadas», comentó emocionado.